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Esta es mi réplica al Editorial del Diario HOY, que publicó algo un poco "tibio" sobre el caso en cuestión.
"El caso del Sargento del ejército estadounidense Camilo Mejía Castillo,discutido en la página editorial recientemente, no debería examinarse solamente basado en el cuestionamiento a la guerra contra Irak y la permanencia de nuestras tropas en ese país; su decisión de desertar va más allá de una excusa para no cumplir con sus deberes y obligaciones. Tampoco se intenta justificar o celebrar la existencia de la guerra, sobre la cual la mayoría de los humanos comulgamos con el principio que indica que esta (la guerra), es el pasatiempo de los bárbaros; en el caso específico de Irak, es casi generalizado el descontento popular con la decisión de enviar tropas para expeler al dictador de la antigua Mesopotamia. Habiendo dejado claro lo anterior, los lectores debemos tener presente que la decisión de ingresar a las Fuerzas Armadas fue sola y única del soldado Mejía, también pensando que lo hizo libre de presión y coacción, con la plena conciencia y entendimiento que tratándose del ejército de la Súper potencia mundial, las probabilidades que alguna vez fuese destacado hacia alguna zona de conflicto, eran altas; por lo cual resulta dudoso que luego de varios años en el servicio militar, se diese cuenta que sus principios morales y religiosos no le permiten portar un arma de fuego; ahora bien, si quería usar uniforme militar pero sin cargar fusíl, en vez de ingresar al US ARMY, debió hacerlo al SALVATION ARMY. Pero la acción disidente de Mejía Castillo se pierde en el oscuro laberinto de la duda, pues en vez de seguir el proceso administrativo establecido en el fuero militar para casos de esta índole, decide en cambio, no presentarse a servicio pretendiendo formular a su manera, la política exterior de Estados Unidos y cuestionar órdenes del más alto nivel. Es muy cierto que si en Vietnam los soldados hubiesen argumentado lo mismo, quizás ahora no tendríamos que lamentar masacres como la de May Lai el 16 de Marzo de 1968; pero a la misma vez se podría argumentar que si se permite el abuso al precepto de objeción de conciencia, posiblemente Hitler hubiera ganado la segunda guerra mundial, ó los Estados del Sur habrían visto realizado sus planes esclavistas que llevaron a la Guerra de Secesión (1861-1865). Al haberse ausentado sin permiso, el Sargento Mejía no solamente desobedecía el estricto código militar, sino que sencillamente le daba la espalda al país que lo recibió con los brazos abiertos, y a sus compañeros de armas que seguían en el frente de guerra y que también tienen conciencia. |
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