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A estas alturas resulta irrelevante que Carlos Guadamuz fuese periodista, como es tambien irrelevante que hubiese sido frentista, además de figura bastante polémica; pero no lo es, el hecho que este tipo de acciones sigan ocuriendo en Nicaragua ante la vista y paciencia de la población.
Resulta difícil creer que contando con la experiencia de haber dado al traste con dos dictaduras, nos limitemos a ser simples expectadores de esta dantesca situación, donde los matones que alguna vez aspiraron a ser revolucionarios, intentan ejercer un gobierno invisible; los mismos que ahora rasgan sus vestiduras y pulmones demandando democracia, pretendiendo ignorar la agresión contra el pueblo nicaragüense durante los años 80.
Mientras mantengamos ese espíritu guegüensiano, irresoluto, y acobardado, Nicaragua seguirá siendo el polígono de tiro de los bárbaros.
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