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NICARAGUA, PAIS CUNA DE ÉXODOS INTERMINABLES
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NICARAGUA, PAIS CUNA DE ÉXODOS INTERMINABLES Si los nicaragüenses que hoy vivimos en el destierro creemos que nosotros somos los primeros y los últimos en sufrir el destierro de nuestro terruño, pues nos equivocamos totalmente. ¿Quién iba a pensar que la "piri", doña Gioconda Belli iba a vivir en el destierro, y ser vecina mía?, ¿y que el cura Ernesto Cardenal, aquel que pintó una abominación, algo así como un Daniel Ortega crucificado desnudo en una cruz; seguiría el susodicho cura desterrado donde originalmente lo enviara el somocismo, la famosa Isla de Solentiname? El genio de Manolo Cuadra fue huesped prisionero de la paradisíaca Isla del Maiz; pero gracias a su oposición al gobierno del general Anastasio Somoza García, nos dejara, de su efímera permanencia exiliada, ese bellísimo y «único poema del mar». El colmo, el héroe de San Jacinto, don José Dolores Estrada fue expulsado de Nicaragua al destierro; desterrado anduvo el general de hombres libres don Augusto César Sandino; libres sus hombres mientras anduvieron con él en la montaña, mas después que Somoza García y la guardia lo asesinaran junto a sus generales Estrada y Umanzor se incendió toda Nicaragua de alegría y felicidad; la burguesía libero-conservadora le ofrecieron homenajes al criminal de turno, y le llamaron el "redentor de la patria". Cuando ocurren hechos de esta magnitud, es porque liberales y conservadores se olvidan de su odio visceral y se unen para eliminar la amenaza. (En su tiempo, el general liberal e indígena don Augusto Calderón Sandino se consideraba el tercer poder en Nicaragua) Desterrado fue el general Francisco de Castellón; este apuesto y loco caballero fue el que arregló con Byron Cole, asociado de William Walker, la contratación para que el filibusterismo ingresara a Nicaragua por el puerto de El Realejo; desterrado fue también nuestro presidente gringo; ¿increible verdad? William Walker fue Presidente de Nicaragua, y autorizada su presidencia el 29 de junio de 1856, y nada más y nada menos que por una Asamblea Nacional espuria como la que existe actualmente en Nicaragua. (Y no será ni la primera ni la última). Charles Frederick Hennigsen, soldado de fortuna europeo con vasta experiencia militar en las guerras de España, Rusia y Hungría, fue el que incendió Granada por ordenes de Walker; completamente borracho, saqueó la Perla del Cocibolca, y personalmente clavó el rótulo que decía «Here was Granada» (Aquí fue Granada) Presidentes, vicepresidentes, ministros, senadores, diputados y periodistas de todas las ideologías políticas han conocido el destierro nicaragüense; también gente humilde. Y hoy y siempre, se van los intelectuales que exponen sus vidas por una libertad y una bonanza que nunca llega al pueblo sino a la camarilla de "redentores". Ya con mi familia, viviendo en el destierro, en los primeros días del mes de agosto de 1979 le pregunté a una amiga que me había invitado a una fiesta de cumpleaños: -Oíme, vós que tenés años de vivir aquí en Los Angeles, decíme: ¿Por qué saliste de Nicaragua? -Porque mi papá era opositor al gobierno de Somoza y un día la guardia llegó a la finquita que teníamos, golpearon a mi papá hasta que se desmayó y luego lo tiraron dentro del pozo, creémos que aún estaba vivo y se ahogó dentro del agua. Triste respuesta, ¿verdad?, pero, yo pregunto: ¿Cuántos nicaraguenses, bajo la bota conservadora, liberal, o frentista-marxista-leninista murieron asesinados impunemente, no sin antes haber sido quemados sus genitales, o su cuerpo entero, o fueron colgados de los árboles que hoy despalan sin misericordia? Aquí en el exilio, he escuchado relatos horripilantes de lo que hicieron los frentistas a sus enemigos políticos; a un pobre guardita le hicieron comerse un gato vivo, vomitarlo y comerse nuevamente la vomitada, y cuando ya suplicó, y no pudo más lo asesinaron sin asco; a mucha gente la despellejaron viva con guillete, y también a muchos los quemaron vivos, fue un odio sin cuartel y sin misericordia. Quizás muchos guardias nacionales merecían morir así, pero los que llevan a cabo la justicia por sus propias manos, los que son cómplices de sistemas que sin nigún asco derraman sangre de hermanos, estos personajes criminales y sus cómplices no entran en el Reino de los Cielos, pero no soy yo para juzgar esto; Dios es el único que sabe quién entra y quién no. En otra fiestecita, aquí en Los Angeles, me encuentro de casualidad con un pintor comunista que había conocido en Nicaragua en otra fiestecita en tiempo del somocismo; y en la conversación que tuvimos me dijo: -Sólo en Rivas, el frentismo asesinó más gente que la que pudo asesinar la familia Somoza en cincuenta años. Lo triste de esta situación que vive Nicaragua periódicamente es: que los redentores, los revolucionarios, luego se vuelven opresores de su propio pueblo, así sean estos burgueses liberales, burgueses conservadores o cuña del mismo palo, o sea, gente que por el color de su piel morena representa a la gran mayoría del pueblo nicaragüense. Mucho antes de la caída del poder de Somoza Debayle fui enviado por mi padre a una diligencia a casa de un abogado marxista-leninista, cuando me hizo pasar adelante, asombrado le dije: -¡Pero, amígo!, ¿de veras que usted es comunista?, ¡pero si usté vive como un rey! -Soy comunista pero no pendejo, fue su grosera respuesta. Cuando un amigo mío fue enviado a saquear la casa del neurocirujano Dr. Amilcar Ibarra Rojas, por su jefe y compa responsable, mi amigo se opuso a ir diciéndole que él era sandinista, pero no ladrón. -No sea pendejo compañero, fue la grosera respuesta del responsable sandinista, -la revolución la hicimos para robar. Pero, apartando estos saqueos de propiedades entre hermanos, apartando el desajuste emocional que sufrimos en estos veinticuatro años fuera del terruño, (mi esposa me dijo hoy, llorando espontáneamente: -Nunca me he hallado aquí y ahora no me puedo ir porque aquí está enterrado mi papacito, mis hijas ya se casaron aquí, y mi nieto, ¿cómo lo dejo?). Apartando esta lucha por sobrevivir en un mundo diferente, pero comprendidos por esta gente buena que nos abrió sus puertas cuando se libraba a finales de la dédada de los setenta otra de nuestras guerras intestinas. (faltaba la de los contra) La pregunta es: ¿Qué nos trajimos los nicaragüenses, cuando en su tiempo huímos de los Chamorro, de los Zelaya, de los Díaz, de los Moncada, de los Somoza, de los Barrios, de los Alemán, de los Ortega, y ahora de los Bolaños? ¡Nos trajimos la libertad! La libertad que no conocen los que nacen con sangre de esbirros, de opresores, de serviles, de genocidas, de derramadores de sangre; de torturadores y de carceleros; la libertad que no conocen los que llenan de odio el corazón de sus partidiarios, y asuzan partidos contra partidos, hermanos contra hermanos, padres contra hijos. Y con ese poder que se auto-recetan los nuevos amos, (parecido al que tiene el 007), obligan bajo amenaza, a sus correligionarios a llevar a cabo crímenes bochornosos, enterrando a sus hermanos en fosas clandestinas, algunas veces, aún vivos. Nos hemos olvidado de la bondad, de la misericordia,del amor al prójimo, y sobre todo del amor a Dios, por eso Dios nos ha abandonado. Sí, hermanos nicaragüenses, nos hemos traído la libertad que no conocen los ayer Alemanistas y hoy bolañistas quiénes despalan sin misericordia las montañas de Nicaragua, ¿porque quién tala, si no hay autoridad y orden directa del gobierno? Y sacan a escondidas, como ataudes, como muertos, los árboles qué, cortados y cercenados, los convierten en tucas con el hacha y la sierra; y poco a poco van mermando las pocas bellezas naturales que le van quedando a nuestra sufrida, paupérrima y desnutrida Nicaragua. Nos hemos olvidado por completo de este himno al árbol: «Gloria al árbol que es dicha del hombre ¡Gloria oh sol de septiembre!, que surges. Saludemos la Patria orgullosos Salve a tí Nicaragua en tu suelo». Y de este bellísimo poema, de otro desterrado a su amada Nicaragua, que, los que estando afuera, la vemos... ALLA LEJOS Buey que ví en mi niñez echando baho un día bajo el nicaragüense sol de encendidos oros, en la hacienda fecunda, plena de armonía del trópico; paloma de los bosques sonoros del viento, de las hachas, de pájaros y toros salvajes, yo os saludo, pues sois la vida mía. Pesado buey, tu evocas la dulce madrugada que llamaba a la ordeña de la vaca lechera, cuando era mi existencia toda blanca y rosada, y tú, paloma arrulladora y montañera, significas en mi primavera pasada todo lo que hay en la dulce Primavera. ............................................. Rubén Darío Sin conocer a los nicaragüenses, sin saber talvez siquiera dónde quedaba en el mapa Nicaragua, pareciera que Oscar Wilde con su brillante sabiduría escribió esta cita para los dirigentes nicaragüenses. ¡Actuales y fenecidos!: «La ambición, es el último refugio de los fracasados». Por una Nicaragua irreversiblemente destruida. Adán Torres 6/15/2003 |
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