La noche del 13 de Septiembre, avisados del inminente ataque filibustero, los oficiales patriotas se reunieron con el Coronel José Dolores Estrada en una de las habitaciones de la casa-hacienda San Jacinto para preparar la defensa. Terminados los planes, los oficiales preguntaron, como era costumbre, el "santo y seña" de la batalla. Hubo un momento de silencio y Estrada contestó una sola palabra: "Morir".
Dentro de la expectación de esa noche cargada de historia, la solitaria y mortal palabra debe haber producido un ansioso suspenso. El "santo y seña" siempre ha arrojado sobre el azar del combate una moneda de dos caras: "Libertad o Muerte", "Legitimidad o Muerte", "Patria o Muerte". Pero Estrada, al filo de héroe, corta la disyuntiva y arroja sobre el corazón de los que van a luchar, una sola decisión, una sola palabra decisiva y cerrada: "Morir!".
Comprendieron entonces que la hora de la Patria no tenía alternativa, ni regreso al pasado. Estaban de pie sobre la hora 0 y todo tenía que comenzar, a partir de la total renuncia.
Sublime punto de partida del patriotismo nicaragüense! Sólo el que se dispone a morir - sin alternativa - es capaz de darle toda su plenitud de sentido a la vida. Estrad no se vá a las ramas, ni siquiera al tronco, sino a la semilla. "Y si la semilla no cae en tierra y no muere, no fructifica".
Fuente: El Nicaragüense
Pablo Antonio Cuadra
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