PROPOSITOS OCULTOS
Lloré. Sí; mis ojos se inundaron en llanto, y mi corazón se embargó de infinita tristeza, cuando aquello que más amaba se marchó.
Sufrí. Sí; la desesperación y el dolor hicieron presa de mí cuando recibí en carne propia los crueles latigazos del destino, mientras mis labios clamaban por clemencia.
Dudé. Sí; las fuerzas me fallaron a consecuencia del despiadado castigo de la adversidad, y pensé que de nada servía terner el corazón limpio, si muchos lo manchaban con maldad e injusticia.
Perdí. Sí; la tempestad de aflicciones debilitó mi carne, y caí al duro suelo de la tragedia, en donde me creí perdido.
Pero ahora sé que eso fue lo mejor que me pudo haber pasado, porque de allí me levanté para ser más fuerte que nunca.