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Old 5th December 2002, 00:34
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LA FINCA DEL PRESIDENTE

(Cuento nicaragüense estilo Pancho Madrigal)

Adán Torres

La mañana amaneció lustradita Güichó, tan bella, que los pijules se miraban preciosos, comiéndose las garrapatas en los lomos y las patas de las vacas lecheras; en el chiquero balaban alegres los chivos, y los mozos pasaban con los baldes repletitos de leche, derramando sus blancos contenidos en unas pichingas de acero inoxidable que don Enrique había comprado en Gurdián y Cía. Limitada.
El presidente se levantó tempranito Güichó, estiro los brazos y se fue a aplastar en la hamaca del amplio y hermoso corredor de la finca.
Riiiiiiiing, riiiiiiiig, sonó el teléfono insistentemente Güichó, sin que nadie lo contestara, hasta que salió la Hilaria, una vieja empleada nacida en el pueblito de Nindirí.
Chorotega legítima la anciana aquella a quien le corría en las venas sangre del Cacique Nacatime; tiempos idos aquellos cuando esta raza de bronce y de alcurnia eran servidos y no servidores Güichó, y sus gardeles jugaban inocentemente a la guerra con arcos y flechas, cubiertos apenas con simples taparrabos, dejando al descubierto sus futuros pechos guerreros; futuros caupolicanes de aquel bellísimo paraíso terrenal.
-¿Aló?, sí su mercé, agorita mesmo li digo, no si priocupe, le voa dicir que a usted quiere hablar con él.
La Hilaria se fue hacia el corredor, y le dijo al Sr. Presidente: -Su mercé, dice un Siñor., en el tilífono, dizque que los niños se están muriendo, dizque que es urgente y dizque que quiere hablar con asté.
-¡Líiiila, Lila Téeee,
-¡Qué fue, que pasó!, salió en carrera doña Lila T rumbo al corredor de la casa hacienda.
-Corré amor, corré, llamá al veterinario y decíle que los niños se nos están muriendo; vos sabés que esos caballitos me cuestan una fortuna.
-Esperáte amor, dejáme ver quién llamó, dijo doña Lila T preocupada por el sobresalto del Presidente.
Tomó el auricular y dijo: -Ajá, sí, ¿no me diga?, bueno, se lo voy a decir, hasta luego, by pues, colgó el auricular, y luego regresó al corredor y le dijo al Presidente: -Amor, no son los caballos los que se están muriendo, son los niños del pueblo humilde; dice el ministro de salud que es en los plantones; en La Dalia- Matagalpa es donde se te están muriendo.
-¡Uf, mujer!, qué susto el que me pegó ese jodido ministro, no estoy para nadie, oíste para nadie.
-Muriéndose los niños, ¡já!, qué falacia más grande, a mi compadre el gordomán se le morían, a mi no se me muere nadie Lila T, vos bien sabés que yo adoro a éste mi pueblo con todo mi corazoncito transparente.
-Bueno amor, bueno, le contestó doña Lila T, -descansá que ya te estoy haciendo tu chicharroncito con yuca como a vos te gusta; la chicha la dejó fermentando la Hilaria desde antier, oíste amor, vas a comer bien rico.
Apenas se había metido en la cocina doña Lila T, cuando sonó nuevamente el teléfono; corrió pues doña Lila a contestar el auricular Güichó, para que el sonido no despertara al mandatario.
-Sí, ajá, sí, ahorita le digo, bueno, gracias, hasta luego.
Se fue nuevamente doña Lila T donde don Enrique y le dijo: -Amor, amor...
-¡Que, qué!, y ahora qué fue, contestó don Enrique malhumorado.
-Es que el bus de la escuela se paró en el camino y los nietos llegarán tarde a la escuela, respondió calmada doña Lila.
-¡Pero jodido! ¿Qué no pueden esos curas comprarse un bus nuevo con tanta plata que tienen?
-No es el bus amor, es el camino el que está malo y el camión se pegó en un atolladero.
-¡Jodido!: ¿Para qué se inventarían los inviernos? ¡Todo es más precioso en verano! Llamá ahorita mismo al bachiller, dijo el Presidente.
-¿A quién? Preguntó doña Lila T.
-A Ben Hur, al carretonero, digo, a Pedro carretón; contestó don Enrique visiblemente alterado, -decíle que mande a componer los caminos, que para eso lo hice Ministro del Transporte.
-Ve amor, inmediatamente después que colgó el chofer del bus llamé a Pedro, y me dijo, que te dijera, que no tiene presupuesto, contesto doña Lila T.
-¡Jodido!, esto me pasa por andar escuchando los consejos del marxista barbas de chivo de Fidel Castro. Me aconsejó, en el transcurso de la década negra, que poniendo dundos en los ministerios se controla más fácil el gobierno, y por consiguiente al pueblo; pero aquí no funcionan sus consejos, talvez con esos pendejos isleños, pero no con este pueblo jodido, que no tiene quietud para nada, mirá lo que le pasó a Somoza Debayle, dejó que la querida gobernara y se lo llevó la trampa.
-Ya amor, calmáte que no a pasado nada, ya mandé a uno de nuestros choféres para que trasiegue a los chigüines y los lleve al colegio, tranquilizáte mi amor, ¿Ok?.
-¡Qué chochada!, no he sabido nada del desafuero del panzón, y eso me tiene preocupado, aquí todos tienen que pagar, ¡todos! ¿Me oíste Lila T?
-Sí, si te oí amor, contestó doña Lila T suavemente.
-Fijate vos, acusarme a mí de haber usado fondos ilegales para la campaña presidencial; qué desfachatez y qué falacia más grande, si yo jamás me he robado un cordobita; todo lo que yo he hecho en mi vida ha sido transparente.
-Seis años han pasado desde que legalice los hurtos, porque la legalidad es lo primero Lila T. Antes, toda la robadera era descarada, sucia y arrecha; ellos, por cuenta no sabían que para hurtar hay que tener dignidad Lila T, y honor Patrio.
-Figurate vos Lila T; ese desgraciado PLC Arnoldista acusándome a mí de cerrar radios y tratar de comprar conciencias; despedir liberales de mi gobierno; cerrar negocios de los que me llevaron al poder ejecutivo en bandeja de oro y plata... . ¡Traicionarlos jamás!
-Por eso tengo siete diputados en la bancadita azul y blanco.
¡Qué fieles son a mí Lila T!, por eso les aumentaré sus sueldos el próximo año, por supuesto, si se aprueba el presupuesto, y si los adoradores de marx no cambian de opinión.
-Mirálos, a esos pobres rojinegros, no sé como pueden dormir en paz, después de dejar el país en la ruina total y fosas clandestinas llenas de cadáveres por todo el Territorio Nacional. Pero ahorita necesito de sus treinta y ocho votos para desaforar a la hambuerguesa con patas.
-Lo odio Lila T, lo odio con todas las fuerzas de mi alma; es más, desde que infiltré al partido liberal, lo he odiado silenciosamente; pero ahora ha llegado la hora de mi venganza.
-¡Nosotros los oligarcas odiamos a los liberales desde la independencia!
-¿Sabés por qué Lila T?
-Porque esos jodidos siempre le han dando de comer al pueblo, regalando lo que por herencia nos pertenece. ¡Al pueblo hay que darle palo!
-Por eso yo amaba a Somoza García, hizo en su tiempo lo mismo que yo, infiltró al partido liberal y después le ofreció garrote a moros y cristianos.
-Nicaragua ha sido la finca de los Chamorro, de los Díaz, de los Zelaya, de los Moncada, de los Somoza, de los Ortega, de los Barrios, de los Alemán; mas ahora me toca a mí el turno Lila T. ¡Ahora esta finca va a ser sólo mia, y nadie me la va a quitar. ¡Absolutamente nadie!
-Traéme de la biblioteca las biografías de Adolfo Díaz, y Emiliano Chamorro. ¡Qué hombres más excelentísimos, ilustrísimos y patrióticos, no me canso de leerlos! ¡No sé que espera la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana para declararlos santos y canonizarlos... . ¡Si yo fuera el Santo Papa, no lo pensaría dos veces!
-Oí Lila, oí amor, qué lindo está cantando el Zenzontle en el Chilamate del corral.
-¡Pero amor!, le respondió doña Lila T preocupada, -esa es la burra que está rebuznando en el corral.
-¡Jodido!, que esperan para pegarle un tiro a esa burra desgraciada, si-no, los voy a desaforar a todos en esta finca, ¡a todos, me oíste Lila T!
¡Pero Enrique!... . ¿Te has vuelto loco? Esa burra te la regaló Pedro Carretón, para que entraras a Masaya como Jesús en la última procesión;
¿De veras? Ve hom, ya no me acordaba, entonces llamá al Comandante Obando y Bravo para que le venga a echar agua bendita, que buena falta le hace a esa burra condenada pues no me deja dormir la siesta.
¡Hilaaaariá, Hiláaaaria!, llamó doña Lila T.
¡Quí fuí siñora! Contestó la Hilaria, con la sumisión de casi quinientos años de opresión.
-Tráigale la botella de oxigeno a don Enrique, que ya la apnea lo está sacando de juicio.
-Jijijijijiji, este cuento es auténtico Güichó; autentico como la mancha de pijules que se fue encaramando lentamente en un palito florecido de Quelite; la luna se pintó en el espejo de la laguna de Masaya; erráticos volaban los murciélagos en busca de los chocorrones de Junio.
Mientras, en todo el país se dibujaban los negros nubarrones de la incertidumbre.
Y una doña lo dijo: -¡Nicaragua, me da miedo tu futuro!
-Hay nos vemos Güichóooooo!
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