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capitulo X (La novela)
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CAPITULO X-CAPITULO X Dónde estará Marlon? Esa era la pregunta que Johanna se hacía cada vez que lo recordaba. Ya había superado la melancolía, ahora quería llegar al final de ese misterio. El refrigerador estaba vacío y decidió ir al supermercado. Coincidió con Celia, que salía feliz rumbo al centro comercial donde se encontraría con Lciano. Por el camino, Johanna le hacía varias recomendaciones a su amiga, temiendo que la cita a ciegas fuera a resultar una farsa y eso la deprimiera. No sería la primera vez que Celia se emocionaba con una situación así, o se enamorara platónicamente de alguien, para que al final todo terminara en una decepción. Aunque se caracterizaba por ser una persona feliz y de muy buen humor, a veces Johanna dudaba que toda la felicidad y buen ánimo que Celia transmitía fuera real del todo. Se despidieron en un punto. Cada una comenzó a caminar en diferentes direcciones, cuando Johanna sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Era la voz de Montemar: - ¿Podemos hablar? - ¿De qué quieres hablar? Ya no hay tiempo para eso, por favor. Vamos a dejar las cosas así, no tiene sentido Montemar. De mi parte no hay marcha atrás. - Dame la oportunidad de hablar convos, vamos a tomar algo -decía Montemar. Ya habían pasado veinte minutos, y Celia, con cara de decepción, se levantó de la mesa. Su libro de poemas se le cayó y al momento de levantarlo una hermosa rosa roja le llenó la vista. Mientras tanto el coraje y la rabia que había sentido aquel día ya había desaparecido y Johanna sintió que debía escucharlo, aunque estaba convencida de que no volvería con él. Sin decirle nada, aceptó silenciosamente, y caminó hacia un café pintoresco que estaba a dos cuadras de su casa. Lo dejó hablar, y lo escuchaba con atención. Primero hablaron sobre aquel clima tan frío, después de las fiestas Patronales, y por último MOntemar se atrevió a decirle lo que sentía por ella: - Johanna, yo te amo. Estos días que hemos estado separados me has hecho mucha falta, y no quiero aceptar la idea de que ya no vamos a estar juntos. Yo no me puedo imaginar pasar la vida al lado de otra mujer que no seas Vos. Lo que hice fue la estupidez más grande de mi vida. Fue un error, y yo creo que tiene solución. Por favor Johanna, dame una oportunidad, ¡te amo! Johanna la miraba fijamente a los ojos, y ella evadía su mirada. Prefería mirar las esferas de colores que colgaban del techo del lugar. Y movía la mano de lugar cada vez que Montemar la trataba de acariciar. Johanna no quiso contestar nada, al final sólo le dijo: - Bueno, pues ya te escuché, que era lo que querías. Ahora me tengo que ir. - Dime algo, dime por lo menos que tengo una esperanza. - No, Montemar, no es tan fácil. Te entregué toda mi confianza, todo mi amor... y me defraudaste. Yo ya me sospechaba algo, pero sólo faltaba verlo con mis propios ojos. Creo que por algo pasan las cosas, tal vez nuestro destino no es estar juntos. Pénsalo, Montemar. Johanna se levantó de la mesa y dejó a Montemar más solo que nunca. Celia trataba de contenerse de titiritar de frío. Se quitó la bufanda y los guantes y caminó hacia el lugar en donde habían acordado Luciano y ella. El abrigo verde de ella y unos lentes negros de él los iban a identificar. Celia sentía una revoltura de mariposas en el estómago que le hacían sonreír como una boba, no podía ocultar la cara de felicidad, pero al mismo tiempo el nerviosismo. De repente, sintió ganas de ir al baño, pero no, no podía, debería aguantarse... Aunque mejor no, mejor decidió ir, el frío, los nervios, y el café que se había tomado antes de salir, la estaban traicionando. Salió del baño mirando a todas partes, ya sentía que Luciano estaba por ahí, a lo lejos vio unas gafas negras, pero no, no se parecía al muchacho de la foto y lo ignoró. Se sentó en el lugar acordado, en una cafetería al lado de la fuente. Miraba buscándolo, pero nada. Se levantó a comprarse un chocolate, se volvió a sentar. El hombre de las gafas negras seguía mirándola y ella lo ignoraba, pues esperaba a un rubio, esbelto y guapísimo chico con gafas negras, no a un gordito, bajito y castaño. Después lo perdió de vista. - ¿celia?- Pareció como si la rosa hubiera preguntado. - ¿Luciano?- dijo Celia. - No me atrevía a hablarte, porque no sabía cómo ibas a reaccionar. Como verás, no soy ni rubio ni esbelto. - Bueno, yo tampoco estoy tan esbelta como hace siete años en aquella foto que te mandé. Los dos se rieron y aquel par de gorditos se sentaron a conversar hasta que un guardia del centro comercial los corrio de el lugar. Mientras, en la casa de los padres de Lorena, ella y Jose Antonuio hablaban sobre lo sucedido en la tarde en el aeropuerto. Lorena le reclamaba el hecho de que la dejó allí sin más ni más por irse a hablar con esa mujer, que por cierto, no le estaba cayendo muy bien. Jose Antonioi no obstante, continuó pensando en Johanna más tarde, cuando salía al jardín a tomar algo de aire. Definitivamente había algo que lo ahogaba cuando estaba con Lorena últimamente. Ya no sentía aquella necesidad de estar con ella, ya no sentía esos deseos de besarla. ¿Sería que ya no la amaba como antes? Por su lado, Thelma trataba de escapar de la policía con Marcelo. El auto iba a toda velocidad. - Por favor Marcelo, baja un poco la velocidad, ¿acaso pretendes matarnos? Y por favor, dime cómo hago para callar al niño que no cesa de llorar. - ¿Me vas a preguntar a mí? ¿Me has visto cara de niñero o que? Ahora mismo estoy tratando de salvar nuestro pellejo, ya que gracias a ti tuvimos que robarnos al niño. Thelma no tuvo nada que decir a su favor, era cierto que había dejado al niño en manos de Johanna. La verdad es que ya sentía deseos de dejar ese mundo. ¿En qué situación se encontraba ahora? ¡Perseguida por la policía y nada más y nada menos que por secuestro! Estaba un poco a salvo gracias al disfraz que utilizó antes de entrar, ella no era ninguna pendeja. Se oían cada vez más cerca las sirenas de la policía. Thelma se sentía frustrada ante tal hecho y pensó que lo mejor era tratar de escapar antes de que la policía los atrapara. ¿Pero qué haría con el niño? Si escapaba y no atrapaban a Marcelo estaba segura de que él la buscaría para vengarse... Johanna regresó a su apartamento con un montón de paquetes del supermercado. Intentaba abrir la puerta cuando el gato Morris comenzó a arañarle las pantorrillas, el pobre minino tenía hambre. Ella le dio el paso a su casa, ya le había comprado unas latas de comida especial para él. Se acercó al contestador de teléfono, había un mensaje que decía: -Srta. Johanna, le habla la señora Alicia, necesito comunicarme con usted lo más pronto posible. El niño Alfonso ha sido secuestrado del orfanato donde se encontraba... ¿Cómo continuará? **Participa |
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