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Quisiera despertar la conciencia de todos mis lectores para implementar un proyecto de copiar documentos y restituirlos a nuestras universidades. El Instituto de Historia de Nicaragua y Centro América, adscrito a la Universidad Centroamericana y dirigido por Margarita Vannini, podría ser un buen depositario de estas copias de documentos.
He estado investigando cual es el mejor curso a seguir para copiar los documentos históricos que existen en las bibliotecas de muchas universidades de los EE. UU sobre Nicaragua. Obtener estas copias ayudaría a cubrir la falta de archivos y fuentes primarias para escribir nuestra historia. Debemos comenzar con preguntarnos cómo es que perdimos nuestros documentos. En algunos casos, los documentos fueron simplemente regalados por falta de conciencia histórica de nuestros mismos gobernantes. Este es el caso de los documentos coloniales que el Presidente Vicente Cuadra Lugo (1871-1875) cedió a Hubert Howe Bancroft (1832-1918) y que hoy forman la colección Bancroft de la Universidad de California en Berkeley. [Bancroft publicó en 1883–87 los volúmenes 6-8 History of Central America como parte de su serie de 39 volúmenes.] Otros documentos nicaragüenses fueron sustraídos durante las intervenciones de los EE. UU. en Nicaragua, no sabemos si legal o ilegalmente. Tengo una amiga abogada y bibliotecóloga quien, a pesar de ser sandinista, reconoce que aunque es una vergüenza haber regalado y vendido nuestros archivos coloniales, etc. a los gringos, al menos los documentos están bien conservados y abiertos al público en las universidades de los EE. UU. En nuestros manos, hace tiempo hubieran desaparecido. Deberíamos tener un Archivo Nacional, pero desgraciadamente cada jefe de archivo que llega parece robarse los documentos. Es lo que se oye que esta sucediendo con el Archivo General de Centroamérica de Guatemala, y las historias que escucho sobre algunos ex-jefes de archivo de Nicaragua y otros personajes que tienen sus casas repletas de documentos llenos de polvo, húmedos y apolillados y son inaccesibles al público porque no pueden reconocer que tienen material robado. No vale la pena hablar de los documentos destruidos por el incendio de 1931 en Managua que destruyó el Archivo Nacional, ni de los terremotos y guerras civiles que no solo matan personas, sino que destruyen todo lo que encuentran a su paso con tal de lograr una victoria pírrica. Y digo pírrica porque en las guerras no hay nunca ganadores, solo se logra encaramar en el poder a una nueva camarilla sobre un país que dejaron desolado. Para obtener copias de nuestros documentos, hay dos maneras de enfocar el problema, que están representadas por el trabajo de investigación que hicieron Alejandro Bolaños Geyer para escribir su obra en cinco volúmenes sobre William Walker, y el trabajo de Francisco Aguirre Sacasa y su libro Atlas Histórico de Nicaragua. En ambos casos hay un trabajo de búsqueda y clasificación del material que Bolaños realizó personalmente y Aguirre logró enrolando a varios estudiantes nicaragüenses. El recurrir a estudiantes de las mismas universidades donde existen colecciones sobre Nicaragua, me parece excelente idea. El equipo de Aguirre hizo digitalizar (escasear) los mapas en poder de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y convertirlos a formato PDF (portable document format) para ser leídos con el Adobe Acrobat Reader. Yo tengo el libro de Aguirre y los mapas se leen muy bien en la computadora. El problema con los formatos digitales es su caducidad. Así como hoy no podemos leer los archivos escritos en Word Star hace 15 años porque fueron diseñados para Windows 3.1, ni podemos instalar Windows 3.1 en una computadora construida en 2003 porque la echamos a perder, tampoco el trabajo de Aguirre podrá ser consultado dentro de 50 años por ningún nicaragüense interesado en su historia. Podemos decir que recuperar archivos en forma digital no es adecuado. Y si todavía tenemos dudas, visitemos http://www.ercim.org/publication/ws-...S6/rosetta.pdf donde podremos leer acerca de la "Digital Rosetta Stone: A Conceptual Model for Maintaining Long-term Access to Digital Documents" Por eso las universidades han escogido los microfilms al igual que la Iglesia Mormona. Y ese es el método que usó Bolaños quien compró de su propio bolsillo los rollos de microfilm que le interesaban y luego de utilizar el material para escribir su libro, donó los microfilms a las universidades. Quiero averiguar en la Universidad de Tulane, en Nueva Orleáns, EE. UU., cuanto cuesta la copia de cada rollo de microfilm y si ellos hacen el trabajo de filmación aun cuando el documento no haya sido filmado nunca. Quiero probar Tulane como un ejemplo de lo que podría hacer los que vivimos en los EE. UU. para ayudar a Nicaragua. Además, tengo una amiga que trabaja en Tulane y me puede ayudar con el jefe de la Biblioteca Latinoamericana. Estas son ideas preliminares respecto al proyecto que quisiéramos lanzar un grupo de amigos congregados en el Instituto Nicaragüense de Genealogía e Historia. Los comentarios de mis lectores son bienvenidos. ¿Quiere alguno de ustedes participar? Por favor escriban sus ideas en este foro de http://www.nicaragua.com. |
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