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El asentamiento peruano obligará a cuestionar los conocimientos actuales sobre la América antigua WASHINGTON, D.C. (EFE).-- Al mismo tiempo que Egipto florecía a orillas del Nilo, cinco mil años atrás, una cultura casi tan compleja empezaba a despuntar en Perú, donde los arqueólogos han encontrado los restos de la civilización más antigua de América. Caral, cuyos restos están a unos doscientos kilómetros al norte de Lima, era una magnífica metrópoli hace 4,600 años, casi un milenio antes que cualquier otra ciudad americana conocida, según las pruebas de radiocarbono. "Es sorprendente. Conocíamos Caral desde hace casi cien años, pero la ausencia de cerámica y otros datos que nos faltaban, no nos habían permitido darnos cuenta de la antigüedad de este sitio", explicó Jonathan Haas, quien ha dirigido la investigación. Haas, antropólogo del Field Museum de Chicago, da a conocer sus descubrimientos en un artículo que publica hoy la prestigiosa revista Science y en el que han participado otros arqueólogos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de Lima, y de la Universidad de Illinois. Plataformas de piedra de más de 600 metros, muros de hasta 20 metros de elevación y pirámides de más de 150 metros de planta indican que Caral "era un inmenso complejo en una de las civilizaciones más tempranas de América", según Haas. Las pruebas de radiocarbono para determinar la antigüedad han demostrado que las bolsas de junco trenzado usadas para transportar materiales durante la construcción de la ciudad datan al menos de 2,627 años antes de Cristo. Prueba del junco El hecho de que los juncos sean una planta anual con una duración limitada permite que la fecha dada por las pruebas de radiocarbono sea extremadamente exacta y demuestra que Caral es la más antigua de las grandes ciudades encontradas hasta ahora en América. "No eran exactamente incas los pobladores de Caral. Podríamos denominarlos preincas", según el arqueólogo. La civilización inca se asentaba a lo largo de los Andes cuando llegaron los primeros españoles (1532) en un gran imperio que se extendía desde Ecuador a Chile, y tenía por capital a Cuzco. Caral posee algunos de los mayores edificios encontrados en el Valle de Supe, con plataformas en las que caben dos estadios de futbol y construcciones de cinco plantas. La basura hallada en algunos habitáculos revela que fueron utilizados como viviendas, y se han encontrado plazas circulares en las que se desarrollaba buena parte de la vida social. El enigma de la cerámica Uno de los grandes enigmas de Caral, explicó Jonathan Haas, ha sido la ausencia de cerámica entre los restos, lo que hacía dudar de que se tratase de una gran ciudad. "El problema es que la cerámica no había sido todavía descubierta en Perú cuando Caral se convirtió en un gran asentamiento", opina el antropólogo. Caral tira por tierra la creencia de que las civilizaciones complejas sólo pueden florecer en un período en el que exista la cerámica, que permite el almacenamiento del grano. Esta ciudad no poseía grano de ningún tipo, usado como moneda en muchas partes del mundo, pero cultivaba plantas mediante un sistema de irrigación. "La planificación que requiere el regadío y la gran cantidad de mano de obra necesitada para construir una ciudad indican que Caral era el centro de un estado con gran capacidad", señaló el arqueólogo. Por otro lado, dijo Haas, los pobladores de Caral sí tejían el algodón y con él hacían redes de pesca. La exploración ha revelado que los caralenses consumían mucho pescado --anchoas, sardinas y crustáceos. No había animales grandes para carne, por lo que su dieta básica eran vegetales, calabazas, frijoles y tubérculos y el pescado apresado en el océano Pacífico, a unos 20 kilómetros del asentamiento, que floreció durante unos 600 años. Winifred Creamer, arqueóloga de la Universidad de Illinois que participó en los estudios, señaló que los habitantes de Caral y del Valle de Supe usaron probablemente un tipo diferente de moneda, el pescado seco. Los sistemas basados en el intercambio de grano han sido comunes en todo el mundo, pero el pescado seco pudo cumplir esta misión hasta que hubo maíz disponible. Según Haas, el descubrimiento de la ciudad más antigua de América es de gran trascendencia para la arqueología andina y obligará a revisar buena parte de las ideas que existían sobre las culturas americanas. Nueva visión "Lo que aprendimos en el emplazamiento de Caral va a obligarnos a cuestionar todo lo que pensábamos hasta ahora sobre el desarrollo de antiguas civilizaciones andinas", dice la nota de Haas. Según Haas, el tamaño de las construcciones demuestra que los responsables de la sociedad que vivían en esta ciudad eran muy poderosos. "El tamaño de un edificio es un símbolo de poder" pues "muestra que los dirigentes estaban en condiciones de obligar a los habitantes a producir mucho trabajo". Caral es uno de los 18 emplazamientos del Valle de Supe, en el centro de Perú. Allí las construcciones tienen todas una arquitectura "monumental", de un tamaño superior al de una casa. Los arqueólogos, que trabajan en el sitio desde 1905, no habían podido hasta ahora darles una fecha precisa. Periodico La Opinion 27 de abril de 2001 |
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